Mi historia
Recuerdo cuando comencé a opositar
No sabía lo importante que era tener una estrategia para aprobar la parte de programación y unidad didáctica, así como el temario. Pero un día algo hizo click en mi cabeza: comprendí que nuestro día a día en el conservatorio no siempre corresponde con ese concepto de unidad didáctica que nos piden en la oposición.
Si no entendía el concepto de unidad, y mucho menos cómo se relacionan los elementos entre sí… ¿cómo iba a defenderla? ¿Iba a hacer un mero listado de puntos? Eso es infumable para cualquier tribunal.
Y aunque la unidad fuera impecable, antes tenía otra prueba.
¿De qué me servía una defensa maravillosa si suspendía el tema?
El tema tiene un peso importante en la oposición (según la comunidad). Por eso yo me dedicaba a estudiar, repitiendo y repitiendo lo mismo, para afianzar lo que creía importante: el contenido. Hasta que un preparador muy bueno corrigió “mi tema perfecto”.
Ese día el cielo se abrió en dos: comprendí que mi tema era malísimo. En el documento (más rojo que negro) venían mil correcciones.
Entre ellas:
- El tema está incompleto.
- El contenido es muy justo: no hay contenido suficiente.
- No te diferencias de los demás.
- No hay aplicación didáctica.
- La conclusión no deja buen sabor de boca.
Y un largo etcétera. El mundo se me vino encima. ¿Cómo había llegado a ese punto?